jueves, 12 de julio de 2007

... notas...

... entraste en el vagón como un ángel, con la luna dormida en tus cabellos. Tus ojos no son los únicos que recuerdan su juventud... Quizás por ser mudos testigos de tus pensamientos gustan de rebelarse contra el viento, meciendo la plata que tanto brillo les da desde hace ya mucho tiempo, cada vez más claros...
... el azul de la noche perdido ya en pro de la dureza gris de la piedra... quizás igual de hermosa su llamada.

Sonreíste al verme y fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que deseaba encontrarte en aquel lugar extraño que se había convertido en parte de mi rutina. La rompiste y ya nunca jamás será un espacio destinado al combate, a las miradas esquivas. Ahora podré mirarlo de forma más íntima y podré convocar tu presencia desde mi memoria para que me acompañes cada día.

Es curioso, ahora el paisaje parece más cercano, la luz es menos hiriente a mis ojos perezosos.
Fue como un sueño.
Un suspiro.

Desperté y allí estabas... ¿o quizás me dormí mecida por el vaivén del tren?

El olor de mi infancia te acompaña...
te acompañará siempre...
Tu latido fue lo primero que oí...
Tu nombre el primero que dije, que leí, que escribí...
...
No sé como soportaré que no sea lo último que oiga, que diga, que escriba... no sé como soportaré que no seas lo último que vea, que mire, que sienta...

ay.... algo duele por aquí...
vaya...

vaya...
Voy a tener que dejar de urgar ahí dentro.

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